CASO DE CAUTIVERIO
Con apenas cinco meses, llegó débil, hambriento y con un collar rojo que contaba una historia de cautiverio. Hoy, gracias a una familia consciente y a las autoridades, inicia su camino de regreso al bosque.
B-223 El Cerrito, 28 de agosto de 2025
En medio del silencio de una casa en El Cerrito, algo inesperado rompió la rutina: un rugido suave, casi confundido, que no pertenecía a un gato doméstico. Era un tigrillo, apenas un cachorro de cinco meses, con ojos grandes, pelaje vibrante y un collar rojo que hablaba de encierro. “Tiene colores hermosos, pero su sonido no era normal”, dijeron. Y tenían razón.
Había sido confundido con una mascota, pero su instinto lo delataba. Esquivo, desconfiado, debilitado, su cuerpo contaba una historia de cautiverio, de separación de su hábitat, pero la familia que lo encontró no lo ignoró. Con empatía y responsabilidad, llamaron a quienes podían ayudar: la CVC, la Fundación Conciencia Animal, la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres e integrantes de los Bomberos.
Gracias a ellos, hoy el pequeño felino no solo se encuentra en manos expertas, en el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre San Emigdio en Palmira, Valle, sino que está recibiendo un tratamiento integral que contempla atención veterinaria especializada, monitoreo constante de su estado físico y emocional, y una dieta cuidadosamente diseñada para cubrir sus necesidades nutricionales, según su especie, edad y condición actual.
En este entorno seguro y controlado, se le brinda el espacio necesario para recuperar sus instintos naturales, fortalecerse física y mentalmente, y prepararse para su reintegración al hábitat silvestre, en donde podrá vivir libre, como debe ser.
Y es que, según lo expresado por los profesionales de la CVC, su estado físico revelaba una historia marcada por la falta de un ambiente adecuado para su desarrollo, ya que presentaba una condición corporal regular, signos evidentes de desnutrición por una alimentación deficiente y desequilibrada, fracturas en algunos dientes, que podrían haber sido causadas por intentos desesperados de alimentarse, y una conducta visiblemente alterada, producto del estrés prolongado y la ausencia de un entorno seguro.
Cada uno de estos síntomas no solo hablaba de su sufrimiento físico, sino también del impacto emocional que puede sufrir un animal silvestre cuando es privado de su hábitat natural y de los cuidados que merece.
Su impactante rugido habla de libertad y confirma que la fauna silvestre no es una compañía doméstica, ni un adorno exótico para el hogar, sino que pertenece a un entorno natural. Sacarlos de su hábitat no solo pone en riesgo su salud física y emocional, sino que también rompe el delicado tejido de la biodiversidad.
Proyectó: Idaly Herrera B. - Comunicaciones CVC. Tel: 602 2379510, ext. 2427
Revisó: Wilson García y Mauricio Guzmán Ferraro - Comunicaciones CVC










